Cuando no puedo pensar de una manera que me haga más placentera mi estadía pasajera en la mejor nave espacial que hayamos conocido, entonces me voy donde mis amigos y entablamos serias conversas en las que suelo perderme, deleitarme, divertirme y de vez en cuando, encontrar una que otra respuesta. No es distracción, se trata de un respirito necesario, antes de empezar a dar patadas de vidente por ahí a las vidrieras de lo estrictamente mediocre. La compañía silenciosa de seres mágicos, especiales y siempre tan reales como la novena del amigo alemán, por ejemplo, me devuelve un poco la confianza para mirar de tú a tú al sol que temprano se iza trayéndonos cosas inesperadas dentro de lo cotidiano mecánico, dentro de la angustia de lo monotonamente deja vu.
Abajo, dejo dos estrofas del bello viejo Gerbasi, alto pana en los días terribles. Os recomiendo.
(Por cierto que tal día como hoy nacía en Valparaiso el Señor Salvador Allende, quítome el sombrero)
1 comentario:
Yupi
Las conversaciones llenas de trivialidades no tan triviales y de ganas locas por mejorar el mundo entre un grupo de amigos(as), son la mejor forma de alivianar el peso de lo cotidiano y la soledad.
Muy linda esa entrada en la tarde de hoy y con una taza de té en la mano.
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