
Heme aquí que no sé si por fin despierto del pesado letargo en el que floté durante no sé cuánto tiempo, o es que entro en la senda que desde quién sabe cuándo me esperaba, sueño no palpado por mí hasta ahora. Lo cierto, es que nada ni nadie puede demostrarme lo contrario. Ni convencerme del anverso.
Heme aquí que los recuerdos, la imaginación y los sueños siempre anduvieron amasados en mis sienes, por lo que todo lo que he dicho o contado está sujeto, proviene de la misma materia. De los olvidos nada sé, desvanecidos ondulan hasta que son convocados y como fantasmas, voluntades anuladas, precisan devolverse a su torbellino donde se confunden y pierden sin dolor alguno.
Heme aquí que vuelvo al principio del desvío que alguna decisión me hizo abandonar. Si retrocedí o avancé ninguna constancia tengo para ponderar, sólo sé que me moví, y ya eso es bastante. Las medidas de las cosas que me rodean siempre fueron inexactas, a las horas siempre le sobrarán minutos y segundos, a los días horas hasta hacer otros días, al los pesos les faltará, a los espacios les sobrará, y quien se beneficie decidirá cuál es la medida. Por eso tampoco podría decir que soy rico o pobre, viejo o joven, grande o pequeño, nadie me es referencia para afirmar nada. No llego a ninguno, y ninguno me llega.
Heme aquí, desde que mi memoria hace algo, la fuga ha sido su permanente objeto. Fuga o caída, ya no distingo. Lo cierto es la rapidez, el vértigo contenido siempre a punto de estallar por dentro, siempre prometiendo la disgregación y empujándome sin saberlo a su negación, a lo contrario por razonable pero errada supervivencia. Instintivamente olfateada, una desconocida y oscura ¿u oscura por desconocida? fuerza me impelió a escapar de ella, falsa utopía, añorada pero imposible tranquilidad mientras corriera.
Heme aquí que el vientre femenino, con el poder del caluroso espejismo en el desierto, siempre me fue esquivo mientras yo fundara la certeza de mi necesitado desembarco en los puertos del fuego. Entonces busqué con desasosiego llevar mi barco de leños a las llamas vedadas, y mientras más esquivas, más terco. Hoy la espera es turbada por inesperados arranques de ebria ceguera en solicitud de incómoda compañía. Náufrago que nunca llega, abandono las tormentas con sus certeras calmas por el vacío rotundo. Incomprensión. Manipulación. Desgaste. Absurdos. Son estas las palabras de trueque en los puertos que me vieron llegar desmemoriado y partir con niebla en los ojos, masticando el sortilegio de las borracheras: no lo vuelvo a hacer, arrodillado sin conciencia ante Selene. Quienes toman mi silencio o invisibilidad como desprecio, necios son.
Heme aquí que desconfiado de cuanto me rodeaba, refugieme en la seguridad de lo que podía constatar. Tortuoso camino para un espíritu hecho de agua aunque me duela su ardiente solidez. Fija negación de lo que no se ve, obstinado engaño alojado debajo de las costillas, en el centro, abismo que se yergue en dirección al firmamento con presentimientos, presagios buscando el espacio del que originario soy. Pero que maldije por no poder asirlo más que con palabras.
Heme aquí que padezco sin renuncia las visiones de cosas que sucederán. Y que no las cambiaré porque no me interesa hacerlo, el cansancio de siglos me deja ver a distancia los simulacros de vida que me rodean, todos representando tan bien, tan creídos sus personajes, tan seguros de que despertarán mañana, pobres voluntades atrofiadas. Porfiado en culpas que no son mías, me enveneno, me lacero e inflijo contra mi limitado cuerpo cierta clase de castigo disimulado con el que expío la mierda que durante siglos me hicieron asumir como producto de mi mera existencia y que no me pertenece. Pedir perdón por existir, mayor imbecilidad.
Sin embargo, dicho don me ha dejado entrever, en un parpadeo escurridizo, algo distinto. El asomo de una tímida certeza, la sospecha de que la equivocación puede ser el camino más seguro. De que esta seguridad es el camino más seguro a la equivocación. Este que he estado recorriendo. ¿Viene un amanecer? ¿Viene abismo? Nada sirve para alegar cuál es mejor o peor.
©luismartinez2009
