sábado, 17 de abril de 2010
viernes, 16 de abril de 2010
El Quinto Sol. por Octavio Paz.

Afganistán, Irán, El Salvador, Guatemala, Líbano, Cuba, Viet Nam, Cambodia, etcétera, etcétera, etcétera. Antes, estos nombres evocaban ciudades, paisajes, monumentos, ríos, montañas, playas, desiertos. Eran palabras que despertaban el maravilloso deseo de lo maravilloso: el deseo del viaje. Hoy esas palabras designan a gente que mata y a gente que muere, a gente que persigue y a gente que huye. Es comprensible que, ante tantos desastres, a veces se sienta envidia de aquellos ermitaños que se refugiaban en una cueva y no querían saber nada del mundo. Pero en una ciudad inmensa como México, ¿dónde puede uno refugiarse si no es en un sitio público? No en una iglesia sino en un museo o en una biblioteca. Son los modestos sucedáneos de las cuevas de los ermitaños de la Antigüedad. Entrar en un museo es penetrar en otro mundo, salir de la historia presente con sus gritos y sus aullidos para recorrer, sin riesgo, como simple espectador, los prodigios y los horrores del pasado. Es ver los combates, las victorias y las derrotas de los hombres como el aficionado que ve los toros desde la barrera o como el curioso que mira a los bomberos luchar contra el incendio.
La otra mañana decidí visitar el Museo Nacional de Antropología. Recorrí encantado sus galerías, en un estado de dichosa irresponsabilidad, hasta que llegué a la sala central, en donde está, con otros monumentos ilustres, la célebre Piedra del Sol, el Calendario Azteca. Más que su peso y sus dimensiones, me impresionó su simbolismo. No es un calendario: es un libro de historia. Sólo que, a diferencia de los libros usuales, no contiene únicamente lo que pasó sino lo que está pasando y lo que pasará. Es tiempo petrificado. En su centro está la imagen del Sol, que gobierna a los tres tiempos y a los cuatro puntos cardinales. El Sol está rodeado por los signos de las cuatro edades que han precedido a la edad actual, la quinta. Cada una de esas edades terminó en una catástrofe. El signo de nuestra edad es 4 Movimiento y significa temblor de tierra. Nuestra edad terminará en un terremoto. Se me ocurrió que 4 Movimiento también podría interpretarse como conmoción en general, por ejemplo: guerras, revoluciones, y otros trastornos que agitan a las sociedades. Así descubrí que 4 Movimiento es el signo de nuestra época terrible. El mito me devolvió a la historia y el pasado me hizo regresar al presente.
El mito del Quinto Sol fue el tema de la historia azteca. El Sol nace todos los días después de vencer a la noche y a las estrellas. Este comtate cómico tiene su doble terrestre en la guerra ritual y en el sacrificio de los prisioneros. El mito fue traducido a términos reales y la historia divina fue el modelo de la historia humana. Nosotros, en el siglo XX, hemos realizado una operación de signo inverso: convertir a la historia en el mito central de nuestras sociedades. Para los aztecas, el mito solar era el centro de su historia; para nosotros, la historia es el mito que nos guía. Ese mito es ideológico y se presenta como una creencia: unos hombres y unas burocracias conocen el sentido de la marcha de la historia, tienen la clave de los acontecimientos y son los dueños de las llaves que nos abrirán las puertas del porvenir. Es un mito que ha usurpado la autoridad de la ciencia. En su nombre, tiranos pedantes han cubierto medio planeta con campos de concentración.
Octavio Paz.
“Sombras de obras”
Seix Barral, 1996
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Reuerde Palestina, Afganistan...

